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La minería ilegal

Estragos y creencias que la subyacen

Publicado: 2016-09-25

Madre de Dios, Reserva Nacional de Tambopata. La industria minera ilegal de extracción de oro está causando la contaminación de ríos y la depredación de bosques, por lo que se destruye los hábitat de muchas especies y, por lo tanto, la diversidad biológica de esa zona.  

Esta actividad minera ilegal depende principalmente del suministro de combustible para el funcionamiento de máquinas que tiene como fin separar el oro de la arena de los ríos. El Gobierno Regional de Madre de Dios ha facilitado (ilegalmente) la superación de esta dificultad con la construcción de carreteras, aunque el costo (demasiado alto) ha sido arrasar a su paso enormes áreas forestales. Asimismo, de paso se facilita el transporte maderero de la tala ilegal que también se practica en esta zona.

Y por supuesto que se han conformado poblados en zonas no tan lejanas de las de extracción para ofrecer todo el apoyo logístico a estas actividades mineras ilegales: hospedaje, alimentación, prostitución, almacenamiento, provisión de combustible, reparación, venta de repuestos de maquinaria, etc.

La trata sexual de mujeres –la mitad de ellas menores de edad- es frecuente y visible en estos pueblos clandestinos. Claro que a esta flagrante prostitución no le llamamos por su nombre, sino eufemísticamente servicio de compañía. Estas mujeres y niñas son contactadas y “engañadas con ofertas de trabajo ficticias para terminar explotadas en la minería, la tala ilegal, prostíbulos e, inclusive, en el trabajo doméstico”, como afirma José Iván Dávalos.

Elsa Cjuno Huillca, propietaria de un bar en el sector minero de Mazuko, fue absuelta por el juez Javier Villa Stein después de ser acusada por el delito de trata de personas. Lo extraño es que Cjuno Huillca aceptó haber captado a una menor de catorce años para que realice el servicio de “compañía” bebiendo alcohol con los parroquianos durante diez a veintitrés horas continuas de trabajo. Y que solo una vez incitó a la menor a que efectuara un “pase” –palabra que refiere un servicio sexual.

Los argumentos que empleó el juez Villa Stein para absolver a la acusada fueron, por lo menos, irrisorios. Expresó que no hubo explotación, porque el tipo de trabajo –acompañar a un hombre bebiendo licor- no provoca agotamiento por más que la menor haya laborado más de quince horas seguidas en promedio. Y menos aún hay explotación sexual, porque la menor no fue captada inicialmente con la intención de prostituirla, que solo se la incitó una vez y esto es un hecho aislado.

Todas estas actividades ilegales no están aisladas, sino se complementan y conforman un sistema que está insertado en nuestra cultura y que tiene fundamentos comunes que los hermana. Un sistema de creencias compartido es la fuente de estas calamidades que incluye hasta la moderna esclavitud: la trata de personas.

La consecución del dinero es la meta principal, y el espacio de vida –si se le puede llamar así- es el mercado. La comercialización –el incremento del capital- es el intercambio primordial entre estos individuos. Sus únicas relaciones o las más importantes son las comerciales. Todo se centra en lo que ofrecen y en lo que demandan y pueden pagar. Las cosas son las únicas que importan, que tienen valor, aparte del que las desea y quiere comprarlas. Por ejemplo, con la minería ilegal vino el establecimiento de prostíbulos, talleres de reparación de maquinaria, centros de venta de repuestos, grifos, las salas penales, etc. Todos estos espacios son los del mercado. Las relaciones son primordialmente comerciales. Y todo en función del dinero.

En esa lógica del dinero y el mercado, solo se valora el ahora. El placer del ahora, la ganancia del ahora, la venta de ahora. El futuro no es descubrimiento, pierde por completo su atractivo del desvelamiento o de la aparición. Ya no se nos abre en su extrañeza. No esperamos su visita inesperada. Se ha convertido el futuro en el presente que creemos siempre controlado, está dentro de lo que esperamos, porque hemos reducido nuestra vida al consumo y al siguiente consumo que siempre es presente también. Y el pasado tampoco escapa a esta suerte. Se convierte en todo lo que puede hacerse presente. No hay memoria narrativa viva que se genera una y otra vez, se cura, se construye, se armoniza con los demás. Se ha convertido el pasado, en el mejor de los casos, solo en un dato que traigo al presente para gozarlo. Es nuevo goce, si no es una sensación borrosa de lo que he consumido y gozado, y que se actualiza por un nuevo goce. Ante esta reducción del tiempo al presente, poco importa que mañana haya Reserva Nacional de Tambopata, poco importan las posibilidades de cambio o de justicia. Poco importa la tradición o la historia frente al dinero y al goce. Es el dominio del presente que todo lo iguala.

Asimismo, estos individuos se permiten usar a los otros y pasar por encima de ellos, incluyendo sus vidas. Porque a la vista de aquellos, todo los demás son objetos de consumo o posibles objetos de consumo. Además, son estos individuos los tasadores de la valorización de los otros. Es decir, creen que pueden estimar a los demás para lo que sirven e intercambiarlos por la cantidad de dinero que crean conveniente. De este modo, se creen con el derecho de captar a alguien con engaños, y hacerla trabajar como me da la gana, las horas que quiera y sin que tenga ningún tipo de escape, opción o voz. La exhorto a que entregue su cuerpo, a que realice pases. Su cuerpo es una mera mercancía que me trae ganancias.

Finalmente, comparten una relación con la ley: no les importa. Claro, hablo de la ley estatal, porque a la ley del mercado sí la respetan y la veneran. Pero con la ley estatal mantienen una relación de desapego, porque no les pertenece y ellos no le pertenecen a ella. Me explico. Primero, no les pertenece, dado que jamás han participado de ella. Y la sienten ajena, porque la ley nunca estuvo presente. Es un vacío que pueden burlar, porque no la han construido y tampoco la han hecho suya por tradición. Pero se puede adquirir. También está ofrecida en el mercado. Es un arma del que todos sacan provecho. Se vende al mejor postor. Es un instrumento del que se pueden servir y pueden comprar los particulares para beneficio de pocos. Solo se necesita dinero. Y, al mismo tiempo, nunca estuvo presente en la constitución de sus vidas. No se le puede agradecer a la ley que estos individuos hayan recibido educación, que gracias a ella haya tenido familia, que hayan encontrado justicia o atención del cuidado de la salud. Siempre los despreció hasta que la pudieron comprar. Solo se la apropiaron cuando se sirvieron de ella (la ley) en la consecución del dinero.

Y estos son solo algunos de los fundamentos que destruyen al Perú. Habrá que desvelar muchos más y darles solución para entender y poder llevar o traer algo de justicia. Amén.


Escrito por

Alexánder Muñoz Ferrer

Ex ingeniero, proyectista, filosofofo


Publicado en

Sociedad filosofofa

Sociedad, política y ética. Sobre todo lo que nos sorprende y también de lo que lamentablemente nos hemos acostumbrado